The Legend of Zelda: Majora's Mask - [Retro Análisis]

Escrito por Write on Viernes, 24 Octubre 2014 Publicado en Análisis Visto 1017 veces
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Hoy toca analizar uno de los juegos mas controversiales de la saga, un juego que con el paso del tiempo ha ido ganando mucha mas importancia entre la comunidad gamer y, sobretodo, nintendera. Nos referimos al Majora's Mask de Nintendo 64.

Como pudieron haberse dado cuenta en mi reseña de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, la primera aventura de Link en 3D para el Nintendo 64 es uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos. Mucho tiene que ver con la nostalgia, no lo voy a negar, pero a la vez también hay que admitir que, objetivamente, se trata de un juego magnífico, con un gameplay revolucionario (para la época), excelente gráficas para el Nintendo 64, una historia absorbente, personajes memorables y un muy detallado diseño de calabozos.

Es por todo esto que, cuando tenía entre nueve y diez años, esperaba con muchas ansias la salida de la algo-inesperada secuela, titulada The Legend of Zelda: Majoras Mask. Buscaba todo lo que podía en el rudimentario Internet de la época. Me compraba las revistas (como la fiel Club Nintendo) para enterarme sobre las últimas novedades del juego. Y cuando faltaba ya poquísimo para que saliera a la venta, me deleitaba con los comerciales que pasaban en Cartoon Network, incluyendo el más memorable, aquel que involucra a un niño jugando el título en una pantalla gigante mientras la luna va cayendo a la Tierra y la gente de todo el mundo se asusta. Es un comercial realmente increíble, un pedazo de publicidad innegablemente efectivo y atmosférico.

Pero me estoy alejando del tema. Este artículo lo comencé para discutir el juego en sí, las razones por las cuales considero que Majoras Mask es un excelente título, digno de pertenecer a una de las sagas más grandes de Nintendo y de llamarse la secuela de uno de los juegos más importantes de la historia.

 

¿Ocarina vs Majora's?

Pero lo que muchos se estarán preguntando, estoy seguro, es lo siguiente: ¿Es igual de bueno que Ocarina of Time? Pues mi respuesta es algo complicada, ya que es tanto fácil como difícil el comparar ambos juegos. Fácil porque usan los mismos gráficos y la secuela incluso re-usa modelos y texturas de su predecesora (lo cual tiene sentido en contexto y no se siente flojoya llegaré a eso), pero difícil porque, a la vez, y a pesar de ser visualmente tan parecido a Ocarina, Majoras tiene un tono y una estructura totalmente diferentes. Es un juego oscuro, melancólico y hasta por partes deprimente, no una aventura de proporciones épicas. Es un juego más íntimo y más difícil, el cual te reta a involucrarte emocionalmente con los personajes que te presenta y a vivir los mismos eventos una y otra vez de diferentes maneras.

Historia

El juego comienza con nuestro héroe, Link, montando a su fiel caballo Epona a través de los Lost Woods de Hyrule. Está buscando a una vieja amiga (probablemente Navi, la hada tan carismáticadel juego anterior) pero parece que se ha perdido. De pronto, un par de hadas asustan al caballo, Link cae y se desmaya. Es acá cuando aparece por primera vez nuestro antagonista principal: Skull Kid. Pero hey, no es el mismo chibolo que apareció en Ocarina of Time, esta vez está usando la Máscara de Majora, la cual lo ha vuelto loco y despiadado. En fin, con Link desmayado, comienza a revisar sus cosas y se roba su Ocarinapero felizmente nuestro héroe despierta. Esto resulta en una emocionante persecución, la cual culmina con nuestros personajes atravesando una especie de portal, Skull Kid transformando a Link en un Deku (!) y en Tatl, una de las hadas, quedándose con él. Eventualmente los dos llegarán a una Tierra llamada Termina (qué sutil) pero no sin antes encontrarse con el Happy Mask Salesman (Vendedor de Máscaras Felices), un tipo perturbador que les pide por favor le ayuden a encontrar una máscara que le fue robadaa que no adivinan de cuál se trata.

Ese solo es el comienzo de la historia principal. Muchas cosas pasan luego, las cuales involucran gigantes sagrados, una luna apocalítpica, y muchas, muchas más máscaras. Además, también tenemos muchas sub-historias. De hecho, a diferencia de otros juegos de la saga, Majoras se enfoca bastante en las sub-misiones, a través de las cuales el jugador conoce de mejor manera a los personajes secundarios del juego. Es una gran manera no solo de alargar el juego y darle más profundidad, sino también de hacer que uno conozca a los NPCs (personajes no-jugables) y nos de pena el hecho de que vivan en un mundo que pronto será destruido.

Porque esa es otra cosa: hay una Luna Gigante que se acerca a Termina, y Link solo tiene 3 días para cumplir su misión, de lo contrario todos morirán. Evidentemente tres días no son suficientes para pasarse un juego, por lo que eventualmente recuperaremos la Ocarina del Tiempo y podremos viajar adelante y atrás en el tiempo para realizar todas nuestras misiones. Contrariamente a lo que uno podría pensar, esto no se hace que el juego se torne repetitivo o aburrido. Todo lo contrario; el hecho de que uno pueda repetir el mismo día en diferentes áreas, para realizar diferentes misiones, ayudar a diferentes personajes o pasar diferentes templos profundiza de sobremanera al juego, y como se mencionó antes, ayuda a que conozcamos mejor a los NPCs. Vemos qué hacen cada día, nos memorizamos sus rutinas y nos enteramos de cómo se relacionan con otros personajes. Es una gran manera de caracterizar al repartodel juego, cosa que no he vuelto a ver de manera igual de efectiva en juegos más recientes.

Estilo artístico

Técnicamente, el juego es una maravilla para el Nintendo 64. Evidentemente no se compara en lo absoluto con juegos más modernos, en HD y con más polígonos, pero para ser un video-juego del año 2000, se ve excepcionalmente bien. Como mencioné antes, muchos de los mismos modelos de personajes y texturas de Ocarina of Time se han re-usado en la secuela, pero no fue algo que me molestara demasiado. Después de todo, se supone que Termina es algo así como un mundo paralelo a Hyrule, en donde nos encontramos con las mismas personas que vimos en el otro mundo, sólo que con otros nombres y otras ocupaciones. Esto hace que Termina se sienta extrañamente familiar pero a la vez le da una cualidad perturbadora, lo cual funciona increíblemente junto con el tono oscuro y la temática general del juego.

Además, ya que el juego necesitaba del Expansion Pack para funcionar en un Nintendo 64, de hecho se ve bastante mejor que Ocarina of Time, a pesar de manejar el mismo estilo, modelos parecidos y el mismo tipo de arte. Las distancias que se pueden ver ahora son mayores, las texturas tienen mayor resolución, y aunque el mundo de Termina no se siente necesariamente más grande que Hyrule, sí lo sentí más lleno, más vivo. No tenemos un ultra campo gigante totalmente vacío como Hyrule Field; esta vez hay más actividad, más color. Y claro, también tenemos más personajes e historias secundarias y más enemigos. Es un juego que, para mí al menos, ha envejecido muy bien, y que se sigue viendo decentemente incluso cuando uno lo juego en la Consola Virtual del Wii U.

Al igual que en Ocarina of Time, la música de Koji Kondo es increíblemente memorable. El tema principal de Zelda reaparece después de haber estado ausente en el juego anterior, y temas nuevos, como el del Skull Kid, por ejemplo, son inolvidables. Al ser un juego de hace 14 años, la música sigue estando en formato MIDI (o sea, no está orquestrada), pero de igual manera se escucha muy bien. Contribuye perfectamente a la atmósfera del juego, a crear suspenso y misterio, e incluso a caracterizar personajes cuando aparecen por primera vez.

Esta vez sólo tenemos cuatro templos por pasar (sin contar el desafío final), pero teniendo en cuenta el énfasis que el juego le da a sub-misiones para conseguir máscaras, no me resultó un problema. Jamás sentí que el juego fuera demasiado corto o poco profundo; además, los cuatro templos son geniales, muy bien diseñados y memorables. El primero, el templo en el Pantano, al ser el primero del juego, no es particularmente difícil, pero sí tiene su reto. Además, su Jefe Final, el gran Odolwa, un luchador gigante que blande dos espadas y se mueve como loco y hace gritos perturbadores, es uno de mis favoritos del juego. El templo que queda en zona de los Gorons es algo menos memorable, pero el hecho de que tengas que conseguir la máscara de Goron para pasarlo lo hace más divertido.

El templo Zora esbueno, si el Templo del Agua en Ocarina of Time les pareció difícil, no creo que les haga gracia jugar este calabozo. Usar la máscara de Zora es divertido, no lo voy a negar, pero el tener que estar cambiando el flujo del agua, seguir los agujeros y las corrientes para poder navegar el templo, y estar resolviendo puzzles a cada rato no fue de mi agrado. Es un templo confuso y complicado, y la confrontación con su jefe final no me pareció particularmente bien hecha. Por último, el Stone Tower templo es todo lo contrario: memorable, expertamente diseñado, lleno de pistas que te hacen comprender un poco más el backstory detrás de la cultura que habita Termina, y en general muy entretenido y lúgubre. El hecho de que en un punto tengas que literalmente poner el mundo de cabeza es grandioso, y cómo olvidar el Elegy of Emptiness y las perturbadoras estatuas que te hace crear. Tal impacto han creado estas estatuas que hasta un famoso Creepypasta fue desarrollado en base a ellas. (Busquen Ben Drowned en Google bajo su propio riesgo.)

Los templos en su mayoría son muy buenos, sí, pero el foco principal del juego está en las máscaras y las sub-misiones. Porque hay muchos máscarasla mayoría bien útiles la mayor parte del tiempo, mientras que algunas sirven únicamente para una que otra misión. Encontrar todas las máscaras es todo un reto, pero una vez que uno lo logra siente una excelente sensación de satisfacción que pocos juegos pueden brindar. Ah, y cómo olvidar la máxima máscara en Majoras Mask: la Fierce Deity Mask. No sé si todos mis lectores han jugado el juego, por lo que no diré mucho sobre lo que hace: sólo diré que se trata de uno de los ítems más poderosos que haya visto en un título de Zelda, el cual hace que todos los bosses (incluyendo el último) sean increíblemente fáciles de derrotar. Si realmente quieren vivir el juego de manera completa, no recomiendo conseguirla hasta después de haber terminado la historia principal por primera vez.

Hay mucho más que podría decir sobre Majoras Mask, pero este review terminaría siendo demasiado largo y tedioso. En pocas palabras, se trata de una magnífica secuela para Ocarina of Time, ya que a pesar de que a primera pista puede resultar muy parecido a su predecesor, una vez que uno lo juego a profundidad se da cuenta de que no podría ser más diferente. Sí, usa lo mismos gráficos y el mismo engine, y sí, es una de las pocas secuelas directas en la saga de Zelda, pero en comparación a Ocarina, es un juego mucho más oscuro y metafórico y lúgubre. No es deprimente, pero el tono general del juego es a veces bastante agobiante. El tiempo límite junto con la PERFECTA música de Koji Kondo (casi igual o mejor que el soundtrack de Ocarina) y el desarrollo de los NPCs hace que uno se involucre en la historia de Majoras y se preocupe por el Apocalipsis. Es un juego difícil de olvidar, una experiencia como pocas he podido experimentar, y una obra maestra para el Nintendo 64. Es muy fácil entender por qué tanta gente clama por un remake para el 3DS: las nuevas generaciones merecen jugar este título. Como Majoras Mask, pocos hay.

Resumen

Lo bueno: las gráficas, la historia, el tono, los personajes, las sub-misiones.
Lo malo: el Great Bay Temple, algunos jefes, puede resultar muy complicado y oscuro para los fanáticos de la saga más jóvenes.
Lo feo: la mano en el inodoro. Los que ya han jugado este título sabrán a qué me refiero.

Link64

Alias de Sebastián Zavala, asistente de dirección, crítico de cine, cinéfilo empedernido, lector y gamer. Fanático de Nintendo, The Legend of Zelda, Star Wars, AC/DC, John Williams, entre otros intereses geek. Le gusta dirigir, producir, escribir, bloggear, leer, tocar guitarra, escuchar música, saltar, y flotar.